Aemet se equivoca poco. Nos habían anunciado los primeros copos de nieve en Ávila. Aún así, nos costaba creerlo. Sí, es verdad, el día ha sido frío, de esos que dicen los mayores "de estar sentado en la mesa camilla con el brasero", pero no tenía muchos visos de nevar.
Ha sido pasadas las siete de la tarde. Primero unos tímidos copos. Pequeños y escurridizos, como escapados sin querer del cielo. Luego, en pocos minutos, miles... cientos de miles... millones de copos caían sobre la ciudad cubriendo el suelo de una curiosa y hermosa alfombra blanca.
Los copos me han sorprendido paseando junto a la muralla, lo que me ha permitido contemplar la belleza de sus piedras resistiendo impasibles la caída de la nieve.

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