jueves, 29 de noviembre de 2012

Entrenamiento de lujo



Fue el martes pasado. Los pequeños patinadores abulenses tuvieron la oportunidad de realizar una master class con uno de los grandes del hockey de todos los tiempos: Quim Paüls.
Paüls está considerado como uno de los grandes jugadores de hockey sobre patines del mundo en la década de los 80. Ha estado ligado profesionalmente al equipo de hockey del FC Barcelona, con el que cosechó grandes éxitos. Tras su retirada, siguió vinculado al equipo azulgrana como director técnico y como entrenador. En las cuatro temporadas que estuvo como entrenador de este equipo, entre 2005 y 2009, el equipo barcelonés ganó dos Ligas Europeas, cuatro OK Ligas, una Copa del Rey, dos Copas Intercontinentales, tres Copas Continentales, tres Supercopas de España y una Copa de la CERS. Ahí es nada!!
Actualmente forma parte del equipo técnico de la Real Federación Española de Patinaje y es el entrenador de la selección juvenil de hockey sobre patines.

Había una gran expectación por conocerle y por entrenar con él. Y es que los más pequeños no entrenaron. No. Lo que hicieron fue disfrutar.
Porque la sesión fue un juego; un divertido pasatiempo en el que practicaron movimientos, giros, desplazamientos... Siempre desde un aspecto lúdico y donde pudieron comprobar la pericia sobre las ocho ruedas de este campeón de hockey.
Una sesión en la que no faltaron, además, las fotos y la firma de sticks.
Una sesión que, a pesar del frío y de la nieve que cayó, les supo a poco.

martes, 27 de noviembre de 2012

Primeros copos


Aemet se equivoca poco. Nos habían anunciado los primeros copos de nieve en Ávila. Aún así, nos costaba creerlo. Sí, es verdad, el día ha sido frío, de esos que dicen los mayores "de estar sentado en la mesa camilla con el brasero", pero no tenía muchos visos de nevar.

Ha sido pasadas las siete de la tarde. Primero unos tímidos copos. Pequeños y escurridizos, como escapados sin querer del cielo. Luego, en pocos minutos, miles... cientos de miles... millones de copos caían sobre la ciudad cubriendo el suelo de una curiosa y hermosa alfombra blanca.

Los copos me han sorprendido paseando junto a la muralla, lo que me ha permitido contemplar la belleza de sus piedras resistiendo impasibles la caída de la nieve.

lunes, 26 de noviembre de 2012

42 kilómetros solidarios



Hace pocos días, una amiga compartió conmigo en facebook esta fotografía que había visto en la red de mi participación en el Maratón de Dublín.
Sí, ya sé que en uno de mis primeras entradas de esta bitácora decía que no había practicado deporte alguno. Y es así… pero siempre hay un momento para que uno haga “sus pinitos”.

Acaban de cumplirse once años de aquella Aventura. Sí, aventura con mayúsculas; porque no fue participar en un evento deportivo sin más, sino una aventura de 32 abulenses con unos ideales que quisimos demostrar que cualquier cosa es posible con la solidaridad como meta.
Comenzamos a principios de 2001 algo más de una treintena de abulenses. Amigos, conocidos, compañeros… de distintas edades, profesiones e incluso gustos. Pero todos con una idea clara: realizar una acción con la que obtener fondos para los más necesitados.
Alguien habló de un evento deportivo que se celebraba en la capital irlandesa: el ‘Adidas Dublin Marathon’. Una prueba deportiva al uso en la que, además de atletas maratonianos participaban miles de personas de todo el mundo que corrían o caminaban esos 42 kilómetros para recaudar fondos destinados a distintas causas solidarias, de ahí que se le conociera como el Maratón de la Amistad.
Si otros lo hacían, ¿por qué no nosotros?. Así que manos a la obra.

Lo primero fue crear una asociación que sirviera de soporte para nuestra acción, a la que llamamos Asociación Expedición Solidaria Ávila-Dublín 2001. Todos fuimos parte activa en la asociación trabajando, cada uno en la medida de sus posibilidades y conocimientos, para que la misma y nuestro proyecto fuera una realidad: hay quien se encargó de su gestión, otros de sus cuentas, de la búsqueda de proyectos, de las relaciones públicas…
De la docena de proyectos que nos llegaron, elegimos tres internacionales que nos parecieron interesantes: La adquisición de cocinas de gas destinada a la equipación de colegios, escuelas nacionales y dispensarios médicos en campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), la instalación de energía solar en el centro de acogida de las hermanas Siervas de María para la atención a la población, en Teté (Mozambique) y la creación de un fondo para operaciones quirúrgicas en la región peruana de Piura.
Fueron meses de trabajo callado, de presentación del proyecto a instituciones abulenses, a entidades, a empresas y a particulares, a la vez que de preparación física y personal para participar en la cita deportiva.
La empresa era difícil y más en una ciudad con tan pocos habitantes como Ávila, pero poco a poco las aportaciones que íbamos recibiendo iban creciendo y cada día que iba pasando estábamos más orgullosos de la solidaridad de los abulenses.

Y llegó el día de partir hacia Dubín. Era finales de octubre. La equipación que llevábamos y el viaje salió de nuestros bolsillos; no queríamos tocar aquello que habíamos recibido. Sí, equipación, pues íbamos “uniformados” como si de la selección española que iba a competir a Dublín se tratara. Esa era la sensación que teníamos en Barajas antes de partir. Teníamos sobre nuestros hombros la responsabilidad de cientos de personas que confiaban en nuestro proyecto.

Completar el recorrido del maratón era nuestro reto, pero teníamos un handicap, y es que de los 32 expedicionarios, los que habían corrido una prueba de este tipo podían contarse con los dedos de una mano y sobraban dedos. Y no sólo eso; los que estaban acostumbrados a correr o participar en pruebas atléticas no pasaban de la decena. Y yo, por supuesto, no me encontraba entre ellos. Por ello fui uno de la mitad de los ‘expedicionarios solidarios’ que estaba dispuesto a realizar la prueba andando, como otros miles de personas.
Cuando llegamos a Dublín, dos días antes de la prueba, el ambiente que había en la ciudad era ya espectacular, con gente de muchos países, lenguas y culturas. Pero fue el día antes del maratón cuando este ambiente se hizo especial, en gran parte gracias al Desayuno Internacional que ofreció la ciudad a más de dos mil corredores que íbamos a participar. Un breve entrenamiento de varios kilómetros y un dulce y humeante desayuno en un pabellón con música irlandesa en directo fue uno de los momentos más mágicos de nuestra aventura. Allí intercambiamos camisetas, obsequios y amistad con gentes venidas de medio mundo.


Y por fin llegó el día.
Madrugamos. Estábamos muy temprano en las inmediaciones de O’Connell street con nuestros preparativos, junto a todos los corredores. A las nueve de la mañana se daba el pistoletazo de salida del Adidas Dublín Marathon 2001 y nosotros, junto a otros once mil aventureros, iniciábamos la prueba, cada uno con sus intenciones y la mente puesta en sus metas. Poco a poco, a medida que íbamos pasando por ese Dublín georgiano, íbamos cogiendo nuestros ritmos y haciendo los grupos.
Recuerdo que casi desde el principio Javi Blázquez y yo hicimos grupo junto a nuestras parejas y otros de la asociación, a los que poco a poco fuimos dejando atrás en nuestro rápido caminar. Andamos los dos juntos durante kilómetros y kilómetros, contándonos nuestras cosas y animándonos mutuamente. Recuerdo también a la gente, en los lados de la calle, animando a todos, ofreciendo bebidas y productos a los corredores, en un ambiente festivo total.
Me sonrío ahora al recordar cómo hacia la mitad de la prueba me llamaron por teléfono desde Ser Ávila (sí, participaba en el maratón con el móvil en el bolsillo y encendido…) para entrevistarme en directo, pues nuestra aventura había despertado el interés de Ávila. No es extraño que me llamaran, pues era yo el responsable de comunicación de la asociación.
Así seguimos, un kilómetro tras otro, adelantando participantes y siendo adelantado por otros. A falta de tres kilómetros, Javi me dijo que continuara, que él necesitaba bajar el ritmo. Después de más de seis horas y media de recorrido, cruzaba la línea de meta.
Todos lo conseguimos. Los 32 expedicionarios solidarios conseguimos completar la prueba. Unos, los más rápidos, en 3:04:03 y otros, los últimos de nuestro grupo, en 8:01:10. Estábamos pletóricos. A pesar de la distancia y el cansancio, el pensamiento de nuestro objetivo solidario nos dio fuerzas para llegar al final.


Pero no sería el último gran momento que viviríamos en Dublín. No. Aún nos quedaba otro. Al día siguiente, antes de partir hacia nuestro país, fuimos recibidos todos nosotros en la Embajada de España en Dublín. Éramos el único “equipo español” en participar en el maratón, y además lo hacíamos con una noble causa. Intercambio de obsequios con el vice-embajador, un ágape que nos supo a manjares de dioses y foto oficial. Nos sentíamos como héroes, en ese pequeño pedazo de nuestro país en tierras irlandesas.
A la vuelta hicimos recuento de lo recaudado: ¡Seis millones y medio de pesetas! Sí, pesetas. Aún no había llegado el euro a nuestros bolsillos. (Ahora diríamos más de 39.000 euros)
Un mes después, en un acto público en un auditorio de la ciudad, repartíamos todo lo recaudado y hacíamos entrega de las cantidades necesarias para llevar a cabo los tres proyectos propuestos a representantes de instituciones que iban a llevar a cabo los mismos, demostrando así la solidaridad de Ávila y su gente.

¿Mi tiempo en el maratón?. Tal vez eso sea lo menos importante, pero ahí va: 6:43:58, siendo el 2001º de mi categoría. Una marca personal que aún no he tenido oportunidad de mejorar…

viernes, 16 de noviembre de 2012

Discapacidades auditivas

Las discapacidades auditivas son una realidad frecuente en nuestra sociedad y, por supuesto, en nuestras aulas.

Una pequeña presentación sobre la mismas:



jueves, 15 de noviembre de 2012

Los Jaleos de Menorca

El pasado mes de agosto disfrutamos en familia de unos días de vacaciones en Menorca.

Teníamos ganas de viajar a esta isla, la más oriental de las Baleares, y nos encontramos con una isla sorprendente por su tranquilidad, sus playas de agua cristalina, sus pueblos, sus monumentos megalíticos y sus tradiciones.

Coincidimos en la pequeña localidad de San Luis, cercana a Mahón, con los Jaleos, una fiesta tradicional menorquina en torno al caballo. Decenas de caballos -casi dos centenares- recorren las calles de la localidad la tarde del último sábado de agosto, con sus jinetes engalanados de acuerdo a la tradición y exhibiendo sus destrezas a lomos de los equinos.
En la calle Mayor, frente a la iglesia y a la Plaza del Ayuntamiento, al atardecer y ante miles de personas, por parejas realizan sus ejercicios tratando de que sus monturas, con ayuda de amigos y conocidas, sean las que permanecen más tiempo sobre las patas traseras, creando figuras espectaculares de unión entre jinete y caballo.

Vayan ahí unas muestras de estos Jaleos...


Jaleo 2012 en San Luis (Menorca)

martes, 13 de noviembre de 2012

A Soria por el hockey




El pasado domingo, el club Vettonia Hockey comenzó su participación en la Liga de Hockey de Castilla y León, y lo hizo desplazándose hasta la ciudad de Soria. Hasta allí fuimos acompañando a nuestro hijo, pero esta vez en autobús fletado por el propio club. Y es que, a diferencia de la liga madrileña, en esta liga el día de partido juegan en la misma ciudad todas las categorías de cada club.
Las intenciones, como siempre, eran buenas, pero finalmente llegamos más tarde de lo previsto, con el tiempo justo para que el equipo de Prebenjamines A, en el que juega mi hijo, comenzara el partido. Carreras, como siempre, para llegar al vestuario, preparar la equitación, ponerse los patines, sacar la bola y el stick… y a la pista a conocer al rival, el Laguna Negra de Soria.
Partido reñido con animación en las pequeñas gradas de la pista por parte de las dos aficiones. Vamos por los padres y las madres de los jugadores de ambos equipos que coreábamos las jugadas y las intervenciones de los patinadores de uno y otro bando.
Finalmente una rotunda victoria de 3-0 a favor del Vettonia Hockey. Fue el anticipo de lo que la mañana iba a deparar, pues finalmente el equipo abulense consiguió la victoria en todas las categorías, con abultados parciales en algunos casos como en la categoría infantil, o por la mínima, como ocurrió con otro de los partidos.
Pero para mí viajar a Soria ese día era algo más que asistir a los partidos de hockey. Era una excusa más para volver a Soria.
Soria me fascina. Cuando la conocí por primera vez, hace ahora veinte años, me cautivó. Su sosiego, sus calles, sus rincones, su gente….
En esa época, por motivos laborales, tuve que volver con asiduidad, y cada vez que viajaba allí más me gustaba.
No había vuelto a Soria hasta el pasado año, y al llegar me reencontré con la misma ciudad, el mismo ambiente y la misma calidez. Viví allí durante cuatro meses, tomando el pulso de la ciudad, conociendo gente, haciendo nuevas amistades, retomando otras antiguas…


El domingo me volví a reencontrar con Soria. Recorrí la Alameda de Cervantes –La Dehesa como les gusta llamarla a los sorianos- escuchando el sonido de las hojas caídas en sus paseos al pisar sobre ellas y disfrutando de la gama de colores del otoño. Pasee por el Collado -auténtica arteria de vida de la ciudad- y por su Plaza Mayor. Volví a degustar esos torreznos sorianos y esos manjares culinarios en forma de tapas en la Plaza de Herradores. Pero sobre todo disfruté compartiendo vivencias y amistad con amigos de la ciudad.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El compromiso del stick



Yo nunca he sido deportista. La verdad es que, más allá de los juegos a los que jugaba de niño, no he practicado ningún deporte. Eso sí, disfruto como espectador con algunos: el baloncesto, el atletismo, el ciclismo… Pero nunca me pude imaginar que me iba a aficionar al hockey sobre patines.
Siempre pensé que mi hijo sería como nosotros deportivamente hablando (mi mujer es como yo en eso de los deportes). Todo lo contrario. No sé a quien habrá salido…
A mi hijo le gusta practicar deporte, pero no el fútbol como a la mayoría de sus amigos y de los niños de su colegio. No. A él le gusta practicar otros deportes. Probó el baloncesto; probó el tenis, pero eso no era lo suyo.
Hace ahora tres años nos dijo que quería aprender a patinar con patines. ¡Dios mío, con patines! –pensé. Yo que nunca me había puesto unos y ya me veía con unas ruedas en los pies, intentando enseñarle a patinar, estando más tiempo en el suelo que de pie sobre los patines.
Por casualidad, y así fue realmente, nos encontramos con un club en Ávila que tiene una escuela de patinaje: el Club Vettonia Hockey.
En menos de un mes, gracias a José Luis, a Miguel Ángel y a los monitores de la escuela de patinaje del club, Antonio, mi hijo, consiguió un dominio sobre los patines que ya me habría gustado a mí de niño.
Le ‘molaba’ patinar y estaba deseando que llegaran los lunes y los viernes para ir al club.
Quería ir a más y probó con la bola y el stick, que para los neófitos es ese palo, encorvado en la punta inferior, con el que golpean la pelota en el hockey (yo, he de reconocerlo, lo aprendí hace un par de años). Le gustó y desde el club nos propusieron que, como otros niños de su edad, pasara a formar parte de los equipos de hockey del club para practicar este deporte y, por qué no, participar también en las competiciones con su equipo.
Recuerdo que cuando aceptamos, nos reunieron a los padres, y los responsables del club nos dijeron que el que entrara en un equipo debía ser “una decisión del niño y un compromiso de los padres”.
¿Un compromiso de los padres? Lo de la decisión del niño lo entendía, pero lo del compromiso de los padres…. Unos meses después lo entendí perfectamente.
El Vettonia Hockey es un club modesto donde su principal activo no reside en las victorias, sino en el potencial humano con que cuenta. Niños y niñas, monitores, responsables del club, pero también los padres y madres de esos pequeños patinadores.
Somos nosotros, los padres, los que estamos al pie del cañón para conseguir todo lo que podemos para el club; somos delegados de equipos, a veces hasta entrenadores. Nos responsabilizamos de distintas tareas para que el club funciones y, sobre todo, apoyamos el trabajo que hacen con nuestros hijos.
Pero realmente cuando comprendí lo que significaba el compromiso de los padres fue cuando comenzamos a competir. Y es que el Vettonia Hockey, dado que en Castilla y León tan solo hay otros tres clubes federados de patines (además del nuestro, en Soria, en Burgos y en Valladolid) con lo que la liga entre estos tiene pocas jornadas; y dada la proximidad a la comunidad de Madrid de nuestra ciudad, juega también la liga de la Federación Madrileña de Patinaje.
Esto implica que desde septiembre a mayo, salvo los periodos vacacionales, jugamos todos los sábados. Unos en Ávila, cuando nos toca de locales, y los otros en cualquier lugar de la comunidad de Madrid. Y bien digo que jugamos porque somos nosotros, los padres, los que nos encargamos de coordinarnos para desplazarnos en nuestros coches particulares hasta la pista donde se celebra el partido, de preparar a nuestros hijos e hijas antes del partido y, como no, de animarlos como si de una gran final se tratara.
Y así estamos, sábado sí, sábado no, viajando a Madrid con la equipación, la bola, el stick y muchas ganas. Un día a la capital, otro a Alcalá de Henares, o a Alcorcón, o a San Sebastián de los Reyes, o a Coslada, o a Majadahonda… Puedes estar seguro que sin el compromiso de los padres, esto no sería posible.
Hace poco me decían, haciendo referencia a las interinidades de los maestros, que “el turismo pedagógico es variado y acostumbra a dar muchas vueltas”. Yo me atrevo a decir que tantas como el ‘turismo de stick’.
Por cierto, el sábado pasado, en Las Rozas, ganamos 2-1.

Cosas del Secre

 Me gusta escribir, pero siempre me ha costado ponerme a ello. Eso sí, reconozco que lo que siempre me ha fascinado es que los demás pudieran leer lo que yo escribo.
En la época en que estuve vinculado laboralmente a Diario de Ávila hice mis ‘primeros pinitos’ contando cosas. Aunque mi trabajo no estaba en la redacción, tuve desde el principio la oportunidad de publicar artículos y reportajes tanto en el propio periódico como en algunos suplementos del mismo, experimentando así ese cosquilleo de saber que eso que escribes será leído por alguien.
Lo que nunca me había planteado era ‘ser bloguero’, tener mi propio blog. Siempre me ha parecido que las nuevas tecnologías iban más deprisa de lo que yo podía ser capaz de comprender. A pesar de ello, me veo ahora abriendo este blog como una de las actividades que debo realizar para el curso que estoy haciendo. Así que… adelante.
Lo primero ha sido buscar el nombre. Si va a ser un blog personal donde contar mis cosas, mis inquietudes, debía buscar alguno que me identificara; un nombre con el que me sintiera a gusto. Me he propuesto varios, y al final he encontrado uno que me gusta: Cosas del Secre. Y por qué este nombre?.
En agosto 1987, hace veinticinco años, cuatro amigos que entonces teníamos entre 16 y 18 años, decidimos vivir nuestra propia aventura y nos planteamos recorrer, a pie y con la mochila a la espalda, el río Alberche desde su nacimiento hasta la localidad de El Tiemblo. Fueron diez días de convivencia, de amistad, de alegría, de buenos momentos, de encuentro con la naturaleza, contacto con los pueblos de Ávila y sus gentes. Fue la aventura de cuatro jóvenes que en aquel momento querían cambiar la sociedad… se querían comer el mundo. Fue una experiencia que nos marcó y recordaremos siempre  con cariño.  Teníamos, además, nuestro pequeño ‘blog’, nuestro cuaderno de bitácora donde a bolígrafo íbamos anotando día a día nuestras reflexiones, nuestras anécdotas y nuestras vivencias.
No sé por qué ni como, durante esos días comenzamos a llamarnos por apodos: “Secretario, alcánzame eso”, “Maestro, enciende el fuego”, “Niño, lleva esto otro”, “Joven, prepara la comida”… A mí ‘me tocó’ el de Secretario. Tras nuestros diez días de aventura, entre el grupo de amigos –esos cuatro y más- continué siendo el Secretario, o el Secre más cariñosamente; y a pesar del tiempo transcurridos, para muchos de ellos aún sigo siendo el Secre.
Años después, tanto en una asociación como en mi vida laboral anterior a la docencia, me tocó ejercer funciones de secretario. Son esas casualidades de la vida…
En fin, que me quedé con El Secre y nunca he renegado de ese apodo. Creo que en el fondo me gusta. Y qué mejor que ponerle este nombre a este cuaderno de bitácora que va a ser el blog de mis cosas; el blog de las cosas del Secre, en el que, a partir de hoy, iré incluyendo vivencias, reflexiones, comentarios y, por qué no, algún que otro chascarrillo para compartir en la red.
Sirva esto como presentación y declaración de intenciones de este que pretende ser mi blog.