martes, 13 de noviembre de 2012

A Soria por el hockey




El pasado domingo, el club Vettonia Hockey comenzó su participación en la Liga de Hockey de Castilla y León, y lo hizo desplazándose hasta la ciudad de Soria. Hasta allí fuimos acompañando a nuestro hijo, pero esta vez en autobús fletado por el propio club. Y es que, a diferencia de la liga madrileña, en esta liga el día de partido juegan en la misma ciudad todas las categorías de cada club.
Las intenciones, como siempre, eran buenas, pero finalmente llegamos más tarde de lo previsto, con el tiempo justo para que el equipo de Prebenjamines A, en el que juega mi hijo, comenzara el partido. Carreras, como siempre, para llegar al vestuario, preparar la equitación, ponerse los patines, sacar la bola y el stick… y a la pista a conocer al rival, el Laguna Negra de Soria.
Partido reñido con animación en las pequeñas gradas de la pista por parte de las dos aficiones. Vamos por los padres y las madres de los jugadores de ambos equipos que coreábamos las jugadas y las intervenciones de los patinadores de uno y otro bando.
Finalmente una rotunda victoria de 3-0 a favor del Vettonia Hockey. Fue el anticipo de lo que la mañana iba a deparar, pues finalmente el equipo abulense consiguió la victoria en todas las categorías, con abultados parciales en algunos casos como en la categoría infantil, o por la mínima, como ocurrió con otro de los partidos.
Pero para mí viajar a Soria ese día era algo más que asistir a los partidos de hockey. Era una excusa más para volver a Soria.
Soria me fascina. Cuando la conocí por primera vez, hace ahora veinte años, me cautivó. Su sosiego, sus calles, sus rincones, su gente….
En esa época, por motivos laborales, tuve que volver con asiduidad, y cada vez que viajaba allí más me gustaba.
No había vuelto a Soria hasta el pasado año, y al llegar me reencontré con la misma ciudad, el mismo ambiente y la misma calidez. Viví allí durante cuatro meses, tomando el pulso de la ciudad, conociendo gente, haciendo nuevas amistades, retomando otras antiguas…


El domingo me volví a reencontrar con Soria. Recorrí la Alameda de Cervantes –La Dehesa como les gusta llamarla a los sorianos- escuchando el sonido de las hojas caídas en sus paseos al pisar sobre ellas y disfrutando de la gama de colores del otoño. Pasee por el Collado -auténtica arteria de vida de la ciudad- y por su Plaza Mayor. Volví a degustar esos torreznos sorianos y esos manjares culinarios en forma de tapas en la Plaza de Herradores. Pero sobre todo disfruté compartiendo vivencias y amistad con amigos de la ciudad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario