El azar, el destino o la casualidad hizo que hace un año
conociéramos, en pleno desfiladero de La Hermida, a un grupo de liebaniegos
procedentes de Piasca, que habían creado una asociación con el objetivo de
poner en valor una antigua tradición de esa población: El carnaval de Piasca y
sus zamarrones.
Ya casi olvidado ese curioso encuentro, a mediados de enero
recibimos una llamada de la secretaria de esta asociación informándonos que el
16 de febrero celebrarían su carnaval e invitándonos a disfrutar de él.
Y ni cortos ni perezosos, allá que fuimos. Y no lo hicimos
solos, pues la propuesta les pareció interesante y apetecible a un grupo
amigos, y hasta Piasca nos fuimos cuatro familias. Catorce abulenses en total.
Piasca es un pequeño núcleo poblacional, con casas y habitantes
diseminados en varios barrios a lo largo de una pronunciada y verde ladera del
Valle de Liébana – a la que los propios vecinos le gusta llamar la Paré de
Piasca-, situada a unos siete kilómetros de Potes. Con un paisaje excepcional
dominado por el verde de sus prados, y con los Picos de Europa y las sierras y
montes de la cordillera Cántabra como cercano telón de fondo, Piasca, guarda
con orgullo, además, una auténtica joya arquitectónica poco conocida: La iglesiade Santa María la Real de Piasca, una auténtica joya del románico cántabro.
Y es en el barrio alto de este núcleo donde la Asociación Andruidos en la Paré de Piasca organizó el pasado sábado, y por quinto año tras
su recuperación, el Carnaval de Piasca.
Una fiesta en la que los protagonistas son los zamarrones y
los campaneros. Zamarrones vestidos de blanco y cintas de colores que adornas
las mismas, que cubren sus rostros con altas y puntiagudas máscaras elaboradas
con pieles, cuernos y colmillos de animales salvajes; y campaneros que
acompañan –y antiguamente eran perseguidos por los zamarrones- que no paran de
hacer sonar sus cencerros. Por su puesto, y siguiendo la ancestral tradición,
no falta el oso capturado –como representación del mal- por un cazador.
Pero no estuvieron solos los zamarrones. Y así, en su fiesta
estuvieron también otros representantes no sólo del folklore cántabro como la
Banda de Gaitas Peña Gediu, y por qué no, también la Tuna de la Universidad de
Santander, sino representantes de otros carnavales con andruidos venidos de
otros rincones de España, como representantes del Carnaval de Ituren (Navarra),
o del Carnaval de Viana do Bolo (Ourense) con sus andruidos en forma de demonios
y su acompañamiento de grandes y sonoros bombos.
Sí, andruidos, que es la denominación que en el Valle de Liébana
dan a estos disfraces con forma de animales y demónios que tenían por objeto
correr tras la gente, sobre todo los más jóvenes para asustarles, y cuya
existencia pervive, en forma de estas manifestaciones folkloricas, en distintos
puntos de nuestro país, y con muchas similitudes entre ellas. Sin ir más lejos,
y en nuestra provincia abulense, un ejemplo son los Cucurrumachos que año tras
año pueden verse en el carnaval de Navalosa.
| Zamarrones y campanerus de Piasca |
Durante la mañana del sábado, los actos se celebraron en el
barrio de arriba de Piascas, en torno a una gran carpa montada al efecto en
previsión de una mala meteorologías que respetó la fiesta. Un acto
institucional con representantes del Gobierno Cántabro y ediles del Valle daba
el pistoletazo de salida al Carnaval. A partir de ese momento, los distintos
grupos venidos de fuera de La Liébana comenzaron a exhibir lo mejor de su
repertorio ante el medio millar de personas que nos congregamos en este pequeño
núcleo rural de a penas unas decenas de vecinos: la Banda de Gaitas Peña Gedeu
con un recital del folclore cántabro y astur y el dominio de este peculiar
instrumento de viento: los navarros, agitando sus enormes cencerros colocados
en sus espaldas mientras desfilaban con un paso marcial y realizando su vistosa
coreografías; los demonios de Viana do Bolo corriendo entre la gente mientras
su “banda” hacía sonar sus gigantescos bombos y el peculiar sonido del tintineo
de la azada; los zamarrones y campaneros actuando como auténticos anfitriones…
Y todo con el respeto y la admiración de unas y otras agrupaciones hacia los
demás.
Una comida con una suculenta paella, dulces de la zona y
manzanilla con el famoso orujo de Potes pusieron fin a los actos de la mañana.
| Carnaval de Viana do Bolo (Ourense) |
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Ya por la tarde, el Carnaval de Piascas se trasladó hasta la
capital del Valle, Potes, donde un colorido desfile con los grupos
participantes en el Carnaval recorrió la principal arteria de esta bella
localidad cántabra ante el disfrute de vecinos y el asombro de visitantes que
llenaban la calle al paso de andruidos, músicos y danzantes.
Toda una interesante y divertida experiencia de la que hemos
vuelto sorprendidos y encantados.