lunes, 12 de noviembre de 2012

El compromiso del stick



Yo nunca he sido deportista. La verdad es que, más allá de los juegos a los que jugaba de niño, no he practicado ningún deporte. Eso sí, disfruto como espectador con algunos: el baloncesto, el atletismo, el ciclismo… Pero nunca me pude imaginar que me iba a aficionar al hockey sobre patines.
Siempre pensé que mi hijo sería como nosotros deportivamente hablando (mi mujer es como yo en eso de los deportes). Todo lo contrario. No sé a quien habrá salido…
A mi hijo le gusta practicar deporte, pero no el fútbol como a la mayoría de sus amigos y de los niños de su colegio. No. A él le gusta practicar otros deportes. Probó el baloncesto; probó el tenis, pero eso no era lo suyo.
Hace ahora tres años nos dijo que quería aprender a patinar con patines. ¡Dios mío, con patines! –pensé. Yo que nunca me había puesto unos y ya me veía con unas ruedas en los pies, intentando enseñarle a patinar, estando más tiempo en el suelo que de pie sobre los patines.
Por casualidad, y así fue realmente, nos encontramos con un club en Ávila que tiene una escuela de patinaje: el Club Vettonia Hockey.
En menos de un mes, gracias a José Luis, a Miguel Ángel y a los monitores de la escuela de patinaje del club, Antonio, mi hijo, consiguió un dominio sobre los patines que ya me habría gustado a mí de niño.
Le ‘molaba’ patinar y estaba deseando que llegaran los lunes y los viernes para ir al club.
Quería ir a más y probó con la bola y el stick, que para los neófitos es ese palo, encorvado en la punta inferior, con el que golpean la pelota en el hockey (yo, he de reconocerlo, lo aprendí hace un par de años). Le gustó y desde el club nos propusieron que, como otros niños de su edad, pasara a formar parte de los equipos de hockey del club para practicar este deporte y, por qué no, participar también en las competiciones con su equipo.
Recuerdo que cuando aceptamos, nos reunieron a los padres, y los responsables del club nos dijeron que el que entrara en un equipo debía ser “una decisión del niño y un compromiso de los padres”.
¿Un compromiso de los padres? Lo de la decisión del niño lo entendía, pero lo del compromiso de los padres…. Unos meses después lo entendí perfectamente.
El Vettonia Hockey es un club modesto donde su principal activo no reside en las victorias, sino en el potencial humano con que cuenta. Niños y niñas, monitores, responsables del club, pero también los padres y madres de esos pequeños patinadores.
Somos nosotros, los padres, los que estamos al pie del cañón para conseguir todo lo que podemos para el club; somos delegados de equipos, a veces hasta entrenadores. Nos responsabilizamos de distintas tareas para que el club funciones y, sobre todo, apoyamos el trabajo que hacen con nuestros hijos.
Pero realmente cuando comprendí lo que significaba el compromiso de los padres fue cuando comenzamos a competir. Y es que el Vettonia Hockey, dado que en Castilla y León tan solo hay otros tres clubes federados de patines (además del nuestro, en Soria, en Burgos y en Valladolid) con lo que la liga entre estos tiene pocas jornadas; y dada la proximidad a la comunidad de Madrid de nuestra ciudad, juega también la liga de la Federación Madrileña de Patinaje.
Esto implica que desde septiembre a mayo, salvo los periodos vacacionales, jugamos todos los sábados. Unos en Ávila, cuando nos toca de locales, y los otros en cualquier lugar de la comunidad de Madrid. Y bien digo que jugamos porque somos nosotros, los padres, los que nos encargamos de coordinarnos para desplazarnos en nuestros coches particulares hasta la pista donde se celebra el partido, de preparar a nuestros hijos e hijas antes del partido y, como no, de animarlos como si de una gran final se tratara.
Y así estamos, sábado sí, sábado no, viajando a Madrid con la equipación, la bola, el stick y muchas ganas. Un día a la capital, otro a Alcalá de Henares, o a Alcorcón, o a San Sebastián de los Reyes, o a Coslada, o a Majadahonda… Puedes estar seguro que sin el compromiso de los padres, esto no sería posible.
Hace poco me decían, haciendo referencia a las interinidades de los maestros, que “el turismo pedagógico es variado y acostumbra a dar muchas vueltas”. Yo me atrevo a decir que tantas como el ‘turismo de stick’.
Por cierto, el sábado pasado, en Las Rozas, ganamos 2-1.

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