Antes de que terminara 2012 hemos pasado unos días en
Murcia. Hemos ido a visitar a un entrañable amigo.
Nunca había estado en Murcia ciudad y me sorprendió. Si
tuviera que definirla lo haría con los adjetivos de sobria, elegante y
tranquila. Es cierto que no es una ciudad turística con grandes edificios
monumentales, pero tiene rincones encantadores y que merece la pena conocer: La
plaza de la catedral con la impresionante fachada-decorado de la seo murciana,
la céntrica Plaza de España o los escondidos restos del palacio musulmán, auténtico
protagonista del museo de las Clarisas.
Allí hemos tenido la oportunidad de saborear la navidad a
través de algunas cosas, como su elegante decoración navideña de adornos y
luces; la Casa de Papá Noel instalada por el Ayuntamiento en el pasaje de la
calle Basabé, con muñecos móviles alusivos a Santa Clauss que hace las delicias
de pequeños y mayores; o el Desfile de Navidad que recorrió las calles del
centro de Murcia en la tarde del 26, con llamativas carrozas y grupos de
animación.
Pero sin duda lo mas llamativo fueron sus belenes. Siempre
he tenido la idea de que Murcia contaba con una gran riqueza belenística y así
lo hemos podido comprobar.
Son numerosos los belenes que se instalan a lo largo y ancho
de la ciudad: en iglesias, instituciones, centros culturales… e incluso en
plena calle y a descubierto y de grandes dimensiones como el que vimos en una de las bocacalles de la
Gran Vía del Escultor Salcillo, que aquí podéis ver.
Algunos más sencillos pero igual de llamativos, como el de
los franciscanos de Santa Catalina del Monte o el de la Subdelegación del
Gobierno, y otros espectaculares, como el belén municipal instalado en el Patio
del Palacio Episcopal, o el de la Asociación La Pava que puede visitarse en la
capilla monumental de San Juan de Dios.
Pero si una cosa me llamó la atención no es sólo la
delicadeza, elegancia y realismo de las escenas que representan y el cuidado
puesto en su paisajismo convirtiendo a ese espacio en auténticas obras de arte.
Lo que me llamó la atención es que son verdaderos libros, auténticas obras
catequéticas convertidas de arte, pues en todos ellos no se limitan únicamente
a representar un momento del nacimiento de Jesús, como si de un fotograma
aislado se tratara. Son todos ellos auténticas películas en tres dimensiones.
Dioramas en los que, además de escenas populares y grupos de ambientación, como
el mercado, la herrería y tiendas típicas murcianas, cocina y gallineros huertanos,
panaderos y otros oficios, lavanderas y aguadores, rebaños de corderos, cabras
y vacas, todos ellos incluyen misterios religiosos del belén, como la Anunciación,
el sueño de San José, la visitación de maría a su prima Isabel, la posada, el
nacimiento de Jesús, el cortejo de los Reyes Magos, la anunciación de los
Pastores, la Adoración de los Reyes, la presentación en el Templo, la Huída a
Egipto, Herodes y la matanza de los inocentes y Jesús en el taller de Nazaret.
Una auténtica gozada…




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