Ayer domingo, de nuevo, cogimos el autobús fletado por el
Club Vettonia Hockey y recorrimos media comunidad para participar en una nueva
jornada de la liga de hockey patines de Castilla y León. En esta ocasión
nuestro destino fue Burgos.
Dice mi amigo José Antonio –por cierto, la foto es suya- que
hay una gran rivalidad entre Burgos y Ávila. Y es cierto, hay una rivalidad
entre los equipos de patinadores abulenses y burgaleses. Pero una rivalidad muy
sana.
Ayer creo que todos disfrutamos de la media decena de
partidos que disputaron las distintas categorías de ambos clubes.
Finalmente, las victorias se decantaron dos para Ávila y
tres para Burgos. Dos abultadas victorias las abulenses, con marcadores de 2-12
para los infantiles y 0-10 para los prebenjamines; y tres victorias muy reñidas
para el Club Patín Burgos con pocas diferencias de goles en los marcadores de
los alevines, juveniles y benjamines.
Cinco partidos donde se vio un juego de gran calidad, con
estilo y entusiasmo por parte de los patinadores, luchando por la bola a golpe
de stick, pases y jugadas coordinadas, disparos impensables y goles
inimaginables. Todo ello fruto de esa rivalidad.
Pero a pesar de ella, lo que realmente brilló ayer en la
pista a orillas del Arlanzón fue la deportividad. Deportividad por parte de los
jugadores, de los entrenadores y de los familiares de los jugadores que, como
en nuestras canchas de este deporte, forman el animoso público que presencia
los partidos.
Valga como muestra la imagen de los jugadores de ambos
equipos, de la categoría Prebenjamín, en la que juega mi hijo, que tras la
contundente victoria de los vettones, quisieron fotografiarse todos juntos sin
que entre ambos equipos muestren diferencia alguna.
Un noble ejemplo de deportividad.

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