martes, 19 de febrero de 2013

Los zamarrones de Piasca


El azar, el destino o la casualidad hizo que hace un año conociéramos, en pleno desfiladero de La Hermida, a un grupo de liebaniegos procedentes de Piasca, que habían creado una asociación con el objetivo de poner en valor una antigua tradición de esa población: El carnaval de Piasca y sus zamarrones.

Ya casi olvidado ese curioso encuentro, a mediados de enero recibimos una llamada de la secretaria de esta asociación informándonos que el 16 de febrero celebrarían su carnaval e invitándonos a disfrutar de él.
Y ni cortos ni perezosos, allá que fuimos. Y no lo hicimos solos, pues la propuesta les pareció interesante y apetecible a un grupo amigos, y hasta Piasca nos fuimos cuatro familias. Catorce abulenses en total.

Piasca es un pequeño núcleo poblacional, con casas y habitantes diseminados en varios barrios a lo largo de una pronunciada y verde ladera del Valle de Liébana – a la que los propios vecinos le gusta llamar la Paré de Piasca-, situada a unos siete kilómetros de Potes. Con un paisaje excepcional dominado por el verde de sus prados, y con los Picos de Europa y las sierras y montes de la cordillera Cántabra como cercano telón de fondo, Piasca, guarda con orgullo, además, una auténtica joya arquitectónica poco conocida: La iglesiade Santa María la Real de Piasca, una auténtica joya del románico cántabro.

Y es en el barrio alto de este núcleo donde la Asociación Andruidos en la Paré de Piasca organizó el pasado sábado, y por quinto año tras su recuperación, el Carnaval de Piasca.
Una fiesta en la que los protagonistas son los zamarrones y los campaneros. Zamarrones vestidos de blanco y cintas de colores que adornas las mismas, que cubren sus rostros con altas y puntiagudas máscaras elaboradas con pieles, cuernos y colmillos de animales salvajes; y campaneros que acompañan –y antiguamente eran perseguidos por los zamarrones- que no paran de hacer sonar sus cencerros. Por su puesto, y siguiendo la ancestral tradición, no falta el oso capturado –como representación del mal- por un cazador.
Pero no estuvieron solos los zamarrones. Y así, en su fiesta estuvieron también otros representantes no sólo del folklore cántabro como la Banda de Gaitas Peña Gediu, y por qué no, también la Tuna de la Universidad de Santander, sino representantes de otros carnavales con andruidos venidos de otros rincones de España, como representantes del Carnaval de Ituren (Navarra), o del Carnaval de Viana do Bolo (Ourense) con sus andruidos en forma de demonios y su acompañamiento de grandes y sonoros bombos.


Sí, andruidos, que es la denominación que en el Valle de Liébana dan a estos disfraces con forma de animales y demónios que tenían por objeto correr tras la gente, sobre todo los más jóvenes para asustarles, y cuya existencia pervive, en forma de estas manifestaciones folkloricas, en distintos puntos de nuestro país, y con muchas similitudes entre ellas. Sin ir más lejos, y en nuestra provincia abulense, un ejemplo son los Cucurrumachos que año tras año pueden verse en el carnaval de Navalosa.

Zamarrones y campanerus de Piasca
Durante la mañana del sábado, los actos se celebraron en el barrio de arriba de Piascas, en torno a una gran carpa montada al efecto en previsión de una mala meteorologías que respetó la fiesta. Un acto institucional con representantes del Gobierno Cántabro y ediles del Valle daba el pistoletazo de salida al Carnaval. A partir de ese momento, los distintos grupos venidos de fuera de La Liébana comenzaron a exhibir lo mejor de su repertorio ante el medio millar de personas que nos congregamos en este pequeño núcleo rural de a penas unas decenas de vecinos: la Banda de Gaitas Peña Gedeu con un recital del folclore cántabro y astur y el dominio de este peculiar instrumento de viento: los navarros, agitando sus enormes cencerros colocados en sus espaldas mientras desfilaban con un paso marcial y realizando su vistosa coreografías; los demonios de Viana do Bolo corriendo entre la gente mientras su “banda” hacía sonar sus gigantescos bombos y el peculiar sonido del tintineo de la azada; los zamarrones y campaneros actuando como auténticos anfitriones… Y todo con el respeto y la admiración de unas y otras agrupaciones hacia los demás.
Una comida con una suculenta paella, dulces de la zona y manzanilla con el famoso orujo de Potes pusieron fin a los actos de la mañana.


Carnaval de Viana do Bolo (Ourense)




Carnaval de Viana do Bolo (Ourense)

Carnaval de Ituren (Navarra)

















Ya por la tarde, el Carnaval de Piascas se trasladó hasta la capital del Valle, Potes, donde un colorido desfile con los grupos participantes en el Carnaval recorrió la principal arteria de esta bella localidad cántabra ante el disfrute de vecinos y el asombro de visitantes que llenaban la calle al paso de andruidos, músicos y danzantes.









Toda una interesante y divertida experiencia de la que hemos vuelto sorprendidos y encantados.








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